23 de mayo de 2006
Graduación evoca recuerdos, determinación para mejorar
Por el Dr. Pedro García, Director Escuelas Metropolitanas:
He estado en cientos de ceremonias de graduación, algunas como estudiante, algunas como padre de familia y en otras como maestro, director de escuela o administrador. Son eventos maravillosos, llenos de los placeres de los logros y las alegrías de los nuevos desafíos. A menudo, siempre he pensado que si no fuera educador, iría a una graduación de escuela secundaria (preparatoria) cada año, solamente para experimentar las emociones.
Esta semana pasada asistí a varias ceremonias de graduación. Mientras la mayoría de las personas está de frente al podio y los exponentes en estos eventos, la vista es mucho mejor desde el escenario, contemplando a los alumnos, sus padres y a otros miembros de la familia.
Puede ver las sonrisas nerviosas y las lágrimas de los que llevan puestos las togas y los birretes. Y las lágrimas siempre afloran cuando los graduados reconocen el enorme significado del momento – la transición de un ambiente conocido y familiar a uno nuevo y desconocido.
De repente se dan cuenta que sus mejores amigos tomarán rumbos diferentes que el de ellos, y para muchos, habrá algunas pocas ocasiones cuando esos caminos se cruzarán y estarán juntos de nuevo.
Puede ver el orgullo en el rostro de un padre, al igual que emociones mixtas de tristeza y gozo al saber que su hijo/a está alcanzando otro peldaño en el proceso de convertirse en una persona independiente. Es un hermoso instante que solo un padre puede entender o apreciar.
Puede ver al hermano o la hermana que ya no tendrá que compartir su cuarto o sus juguetes o bicicletas; pero aun con ese gozo, hay cierta tristeza ante la posibilidad de que un hermano salga del hogar rumbo a otra ciudad para iniciar sus estudios universitarios.
Puede ver los maestros que dedicaron tanto tiempo, energía, talento y entusiasmo al lograr que este momento fuera posible para tantos. Para ellos, esta ceremonia denota el derecho al avance, no solo para los alumnos, sino para todos los que les instruyeron de la mejor manera posible – sabiendo que su esfuerzo evaluando exámenes, preparando lecciones, dando apoyo y compartiendo una visión, ayudaron a que otra persona fuera exitosa.
También veo en los rostros de otros estudiantes, padres y maestros, la frustración y la tristeza de saber que algunos estudiantes no se pudieron graduar. Según un reporte del 2005 emanado del Educational Testing Service [Servicio de Pruebas Educativas], alrededor de una tercera parte de los estudiantes de los Estados Unidos no se gradúan de secundaria (preparatoria) en cuatro años. A algunos les toma cinco años, algunos desisten por varios y luego regresan a un centro de enseñanza para adultos, y algunos, desdichadamente, nunca terminan.
Los distritos escolares en los Estados Unidos están trabajando duro para buscar soluciones a este problema nacional. Sabemos, sin embargo, que no se solucionarán todos los problemas en los recintos escolares. Para reducir la deserción escolar y aumentar la tasa de graduación, los padres y la comunidad necesitarán estar más involucrados. Hay demasiados hogares donde los niños carecen los recursos y apoyo para ser exitosos. Hay demasiadas comunidades donde los niños se sienten inseguros y no pueden salir de sus pobres condiciones de vida.
En nuestro distrito, las tasas de graduación son las mismas que en el 99.4 por ciento de algunas escuelas –entre las más altas del Estado. ¿Por qué a algunas de nuestras escuelas les va tan bien y a otras no? Puede haber muchas razones, pero la participación de los padres constituye a menudo en el principal factor en el éxito académico de los estudiantes. Como comunidad, estado y nación, debemos buscar la manera de involucrar a todos – y sobretodo a los padres- más eficazmente en la educación de los niños.
Estoy confiado que podemos hallar la solución para asegurar que más estudiantes se gradúen y sean exitosos en la vida. Estoy orgulloso de vivir en una gran ciudad llena de grandes personas que están sólidamente comprometidas con la educación pública. Y sé que veremos más rostros sonrientes en futuras ceremonias de graduación-incluyendo a más graduados que han recibido el apoyo de una comunidad solidaria.
A los graduados del 2006, y a sus padres, familiares y maestros, por favor acepten mis felicitaciones. ¡Estoy orgulloso de ustedes!
Nota: La versión inglesa de este mensaje fue impresa en la columna Nashville Eye column en la edición de The Tennessean el 23 de mayo |